Encuentro Ecuménico e Interreligioso en el Centro Internacional estudiantil franciscano de Sarajevo

(María Fernanda Bernasconi, Radio Vaticana – 6 de junio de 2015) –  Al Padre bueno y misericordioso, al Creador del cielo y de la tierra, al Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, al Señor del pasado, del presente y del futuro; el Papa Francisco – en nombre de los hijos del único Dios de judíos, cristianos y musulmanes – pidió por Bosnia y Herzegovina, para que, en paz y armonía, la habiten hombres y mujeres creyentes de distintas religiones, naciones y culturas. Y para que esto mismo también suceda en todos los países del mundo. Con esta oración el Santo Padre concluyó el encuentro ecuménico e interreligioso celebrado la tarde del 6 de junio en el Centro internacional estudiantil franciscano de Sarajevo.

El Obispo de Roma recibió el saludo del Cardenal Arzobispo, Vinko Puljić, quien en su calidad de Presidente del Consejo para el ecumenismo y el diálogo entre las religiones y las culturas de la Conferencia Episcopal de esta nación reafirmó la importancia de la cooperación interreligiosa mediante el diálogo, porque en Bosnia y Herzegovina – dijo – se vive precisamente en la diversidad de la pertenencia religiosa y étnica.

Además, el purpurado afirmó que Dios les ha dado la gracia de nacer en este país y de vivir juntos en esta región, razón por la cual, dijo, “el diálogo no tiene alternativas”, tal como lo enseña la experiencia, sumamente amarga, de la reciente guerra con sus terribles consecuencias. Tanto es así, que aún quedan muchas heridas por curar y la confianza de unos hacia otros por reconquistar.

Tras recordar que este encuentro se llevaba a cabo en la sede de la Provincia franciscana de Bosnia Argentina, en el edificio que el gobierno comunista había confiscado tras la Segunda Guerra mundial, mientras durante la reciente guerra había quedado completamente incendiado, fue restaurado posteriormente gracias a la ayuda de tantas personas, y abierto a los jóvenes y a quienes padecían hambre. Durante los años en que la ciudad estaba asediada – dijo también el Purpurado – “no logramos detener la guerra y  ni siquiera crear una estrategia de paz”. “Lo único que podíamos hacer  – añadió – lo hemos hecho: rezamos e invocamos la paz”.

Refiriéndose al Consejo interreligioso que fundaron en 1997, y que está compuesto por representantes de la Iglesia católica, de la Iglesia Ortodoxa serbia, así como de las Comunidades islámica y judía; explicó que “viviendo juntos, estamos vinculados a aceptar y respetar nuestras diferencias, a aprender los unos de los otros y, a través del diálogo, a encontrar un camino hacia la construcción de la paz, de la convivencia y del respeto recíproco, en la paridad de derechos. “Naturalmente hay mucho por hacer – dijo el Cardenal Puljić – para realizar un verdadero proceso de reconciliación, de perdón y de regreso del espíritu de confianza”.

Por su parte, el representante musulmán, Husein Kavazovic, dirigiéndose al Pontífice lo saludó en nombre de la Comunidad islámica del país manifestando su alegría por el hecho de que haya elegido Bosnia y Herzegovina para realizar su primer viaje en esta parte del mundo, porque su visita es para todos ellos la expresión de su bondad y de sus buenas intenciones que ciertamente los llena de alegría y consuelo.

El Obispo Gregorio, representante ortodoxo, le dijo al Papa que en este encuentro experimentaron gran alegría por el hecho de que visite esta nación en su calidad de Cabeza de la Iglesia hermana y de Obispo de Roma. Por eso le pidió la bendición de la Cátedra de Roma, una de las Iglesias más antiguas y famosas, la de los santos mártires romanos caídos en toda la antigua Roma, y cuya sangre se convirtió en semilla que ha generado a tantos cristianos.

Por último, el representante judío, Jakob Finci, dio la bienvenida al Papa Bergoglio a la ciudad en la que su comunidad vivió en paz y armonía con las demás pertenencias religiosas en los últimos 450 años, con la intención de “querer permanecer aquí – dijo – al menos durante los próximos 450 años”, porque “nosotros – añadió – buscamos y no tenemos una segunda patria”.

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO

ENCUENTRO INTERRELIGIOSO, SARAJEVO

Señor Cardenal,

Ilustres autoridades religiosas,

Queridos amigos:

Me alegro de poder participar en este encuentro, que reúne a los representantes de las confesiones religiosas presentes en Bosnia y Herzegovina. Saludo cordialmente a cada uno de ustedes y a sus comunidades, y agradezco en particular sus amables palabras y las reflexiones que me han propuesto.

El encuentro de hoy es signo de un deseo común de fraternidad y de paz; y da fe de una amistad que se ha ido construyendo a lo largo del tiempo y que ya viven en la convivencia y la colaboración cotidianas. Estar aquí es ya un «mensaje» de ese diálogo que todos buscamos y por el que estamos trabajando.

Quisiera recordar especialmente, como fruto de este deseo de encuentro y reconciliación, la institución, en 1997, del Consejo local para el Diálogo Interreligioso, que reúne a musulmanes, cristianos y judíos. Me congratulo por la obra que el Consejo está desarrollando en la promoción de varias actividades de diálogo, la coordinación de iniciativas comunes y las conversaciones con las Autoridades estatales. Su trabajo es de gran valor para esta región, y en Sarajevo particularmente, cruce de pueblos y culturas, donde la diversidad, por un lado, constituye un gran recurso que ha permitido el desarrollo social, cultural y espiritual de esta región y, por otro, ha sido motivo de dolorosas heridas y sangrientas guerras.

No es casualidad que el Consejo para el Diálogo Interreligioso y las otras valiosas iniciativas en el campo interreligioso y ecuménico surgieran al final de la guerra, como una respuesta a la exigencia de reconciliación y para hacer frente a la necesidad de reconstruir una sociedad desgarrada por el conflicto armado. De hecho, el diálogo interreligioso, tanto aquí como en cualquier parte del mundo, es una condición indispensable para la paz, y por eso es un deber para todos los creyentes (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 250).

El diálogo interreligioso, antes incluso de ser una discusión sobre los grandes temas de la fe, es una «conversación sobre la vida humana» (ibid.). En él se comparte el día a día de la vida concreta, en sus gozos y sus tristezas, con sus angustias y sus esperanzas; se asumen responsabilidades comunes; se proyecta un futuro mejor para todos. Se aprende a vivir juntos, a conocerse y aceptarse con las propias diferencias, libremente, por lo que cada uno es. En el diálogo se reconoce y se desarrolla una convergencia espiritual, que unifica y ayuda a promover los valores morales, la justicia, la libertad y la paz. El diálogo es una escuela de humanidad y un factor de unidad, que ayuda a construir una sociedad fundada en la tolerancia y el respeto mutuo.

Por este motivo, el diálogo interreligioso no puede limitarse solo a unos pocos, a los responsables de las comunidades religiosas, sino que debería extenderse en lo más posible a todos los creyentes, involucrando las distintas esferas de la sociedad civil. Y una atención particular merecen en este sentido los jóvenes, llamados a construir el futuro del País. Sin embargo, es bueno recordar que el diálogo, para que sea auténtico y eficaz, presupone una identidad formada: sin una identidad formada, el diálogo es inútil o perjudicial. Esto lo digo pensando en los jóvenes, pero vale para todos.

Aprecio sinceramente todo lo que han hecho hasta ahora y los animo en este compromiso por la causa de la paz, de la que ustedes, como líderes religiosos, son los primeros custodios aquí en Bosnia y Herzegovina. Les aseguro que la Iglesia católica seguirá dando su pleno apoyo y asegurando su completa disponibilidad.

Todos somos conscientes que todavía hay mucho camino por recorrer. Pero no nos dejemos desanimar por las dificultades y continuemos con perseverancia por el camino del perdón y de la reconciliación. Al hacer justa memoria del pasado, también para aprender las lecciones de la historia, evitemos los reproches y recriminaciones; más bien, dejémonos purificar por Dios, que nos da el presente y el futuro, Él es nuestro futuro: Él es la fuente última de la paz.

Esta ciudad, que en los últimos tiempos se ha convertido tristemente en un símbolo de la guerra y de su devastación, hoy, con su variedad de pueblos, culturas y religiones, puede llegar a ser nuevamente signo de unidad, lugar en el que la diversidad no represente una amenaza, sino una riqueza y una oportunidad para crecer juntos. En un mundo desgraciadamente todavía herido por los conflictos, esta tierra puede convertirse en un mensaje: dar fe que es posible vivir uno junto a otro, en la diferencia pero en la humanidad común, construyendo juntos un futuro de paz y de hermandad.

Les doy las gracias a todos por su presencia y por las oraciones que tendrán la bondad de ofrecer por mi servicio. Por mi parte, les aseguro que rezaré también por ustedes. El Señor los bendiga a todos.

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno,

Padre bueno y misericordioso;

Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles;

Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob,

Rey y Señor del pasado, del presente y del futuro;

único juez de todos los hombres,

que recompensas a tus fieles con la gloria eterna.

Nosotros, descendientes de Abrahán según la fe en ti, único Dios,

judíos, cristianos y musulmanes,

humildemente nos ponemos en tu presencia

y con confianza te pedimos

por este país, Bosnia y Herzegovina,

para que puedan habitarlo en paz y armonía

hombres y mujeres creyentes de distintas religiones, naciones y culturas.

Te pedimos, Padre, que esto mismo suceda

en todos los países del mundo.

Refuerza, en cada uno de nosotros, la fe y la esperanza,

el respeto recíproco y el amor sincero

por todos nuestros hermanos y hermanas.

Haz que, con valentía, nos comprometamos

a construir la justicia social,

a ser hombres de buena voluntad,

llenos de comprensión recíproca y de perdón,

pacientes artesanos de diálogo y de paz.

Que todos nuestros pensamientos, palabras y obras

estén en armonía con tu santa voluntad.

Todo sea para tu honor y gloria, y para nuestra salvación.

A ti sea la alabanza y la gloria, por los siglos de los siglos, Dios nuestro. Amén.

Publicado en Noticias, Viaje a Sarajevo
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