La Vocación

a. Etapa de sanación interior.

El término vocación proviene del verbo latín «vocare» que se traduce al español por llamado, y consecuentemente denota una acción y su efecto. Pero entendida la vocación en la fe cristiana, comporta además una operación que Dios procura, por medio del Espíritu Santo, para que el alma elija y asuma permanentemente, un explícito estilo o estado de vida. La vocación de esta manera, asocia los intereses, gustos y aptitudes personales, a las mociones interiores —de iluminación e inspiración— que se experimentan, al momento de percibir bienestar y gratificación particular en el servicio a la Iglesia y a la sociedad  a través del matrimonio, en el celibato o la vida consagrada.

Se afirma entonces, que todo ser humano ―criatura e hijo de Dios―, tiene una vocación común que es el amor. Pero ese amor que Dios suscita ―y al cual incesantemente llama―, a razón de las experiencias negativas de la vida es herido, y por consiguiente, se desgarra la imagen original de Dios-amor. Por lo tanto, la Comunidad Magníficat ofrece a los jóvenes de ambos sexos, un camino de sanación interior como «tiempo de gracia» a fin de reconstruir el corazón herido.

Esta etapa la acompaña la fraternidad mediante la oración, la vida sacramental, el recogimiento, el trabajo comunitario y la catequesis. Además, es un período de experiencia vocacional y de discernimiento para quienes sientan el llamado a constituir una familia cristiana o para sientan las mociones a la vida consagrada. Por lo que en esta etapa no se toman decisiones a la ligera, toda vez que la prioridad recae en la sanación de la mente, la afectividad y el espíritu (alma) mientras se discierne, en la comunión con Dios, el camino que más beneficie a la persona. El tiempo de permanencia en la Comunidad lo decide el interesado(a), sin embrago nuestra propuesta es un mínimo de un año.

 b. Aspirantado.

Quienes después de la etapa de sanación interior opten por continuar en la Comunidad un segundo periodo, pueden considerar ser aspirantes a la vida fraterna. Por lo que resulta necesario en este periodo descubrir y profundizar el llamado de Dios, como las motivaciones existentes para la vida de consagración total; por lo tanto, se requiere cultivar el hábito de la oración con el corazón y un mayor conocimiento de sí mismo. La sanación interior continúa, pero esta vez, con un mayor énfasis en la conversión personal, la extinción de los vicios y los apegos del mundo, el ejercicio de las virtudes, el progreso en la oración, la convivencia fraterna y los periodos de apostolado. Este periodo debe durar unos 2 años.

 c. Iniciación a la Vida consagrada Magníficat.

La tercera etapa, es la previa a la inserción formal a la Comunidad, por lo que es imprescindible alcanzar la debida madurez cognitiva y afectiva para asumir el compromiso de los votos temporales. Consecuentemente, es el tiempo privilegiado para asumir, de manera responsable, por medio del estudio, la meditación y la oración el Estatuto de la Comunidad y la vida carismática comunitaria. De manera, que los candidatos(as) son introducidos(as) profundamente en las prácticas comunitarias de piedad con periodos de apostolado. Esta etapa abarca 2 años, y al emitir los votos temporales, cada año se renuevan hasta por un periodo de seis, cuando podrán emitirse los votos perpetuos.  A discreción de las necesidades apostólicas de la Comunidad, algunos(as) candidatos(as) podrán optar por los estudios teológicos universitarios después de emitir los votos.

El carisma de la Comunidad es el primado de la misericordia para ser en el mundo «brazos extendidos» de la Virgen María, y de esta manera educar en la virtud a los jóvenes y las familias. El cántico del Magníficat constituye nuestro principal programa de vida y espiritualidad Trinitaria, eucarística y mariana, al momento de expresar las dimensiones constitutivas del carisma: Misericordia, contemplación, alegría y humildad.

 d. Los consejos evangélicos

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que « “Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40). Todos son llamados a la santidad: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48): Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo, para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen, y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos (LG 40).» CIC 2013

 «Esta santidad de la Iglesia se manifiesta incesantemente y se debe manifestar en los frutos de gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles; se expresa de múltiples modos en todos aquellos que, con edificación de los demás, se acercan en su propio estado de vida a la cumbre de la caridad; pero aparece de modo particular en la práctica de los que comúnmente llamamos consejos evangélicos. Esta práctica de los consejos, que por impulso del Espíritu Santo algunos cristianos abrazan, tanto en forma privada como en una condición o estado admitido por la Iglesia, da en el mundo, y conviene que lo dé, un espléndido testimonio y ejemplo de esa santidad.» CVII: LG 39

Los miembros de la Comunidad Magníficat, al seguir al Señor más íntimamente al servicio de Dios y de su Iglesia (LG 44 ab), a fin de vivir la santidad y la perfección de la caridad, son consagrados por medio de la emisión de los votos de castidad, pobreza, obediencia y el primado de la misericordia, en oración incesante por la paz. Así se hacen miembros permanentes de la institución para ser en el mundo «brazos extendidos de la Virgen María»

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