Comentario del P. Francisco Verar del Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz del 2 de septiembre de 2015

Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz desde Medjugorje, del 2 de septiembre de 2015 

«Queridos hijos, queridos apóstoles míos del amor, mis portadores de la verdad, los invito nuevamente y los reúno en torno a mí para que me ayuden, para que ayuden a todos mis hijos que tienen sed del amor y de la verdad, que tienen sed de mi Hijo. Yo soy la gracia enviada por el Padre Celestial para ayudarlos a vivir la Palabra de mi Hijo. Ámense los unos a los otros. Yo viví vuestra vida terrena y sé que no es siempre fácil, pero si se aman unos a otros, orarán con el corazón, alcanzarán cumbres espirituales y se abrirá para ustedes el camino hacia el Paraíso. Allí los espero yo, su Madre, porque estoy allí. Sean fieles a mi Hijo y enseñen la fidelidad a los demás. Estoy con ustedes, los ayudaré. Les enseñaré la fe para que sepan transmitirla de manera correcta a los demás. Les enseñaré la verdad para que sepan discernir. Les enseñaré el amor para que conozcan lo que es el verdadero amor. Queridos hijos, mi Hijo logrará hablar a través de vuestras palabras y de vuestras obras. ¡Les doy las gracias!»

REFLEXIÓN DEL MENSAJE DEL 2 DE SEPTIEMBRE DE 2015

(P. Francisco Verar)

En el mensaje de este 2 de septiembre, la Virgen comienza tratando a sus hijos espirituales con especial ternura, les llama: «queridos hijos», «queridos apóstoles míos del amor», «mis portadores de la verdad». Si bien sabe que la mayoría no responde como Ella espera. No obstante, las frases están cargadas de cariño y son el reflejo de un amor especial que la María conserva en su Corazón Inmaculado para cada uno de sus «apóstoles» que procuran vivir sus mensajes.

Luego dice: «Los invito nuevamente y los reúno en torno a mí para que me ayuden, para que ayuden a todos mis hijos que tienen sed del amor y de la verdad, que tienen sed de mi Hijo.» Esta segunda parte del mensaje, como el resto, vuelve a recordar la razón de su venida en esta hora particular de la historia, ¿¡será acaso porque muchos aún no comprenden el fenómeno de Medjugorje y del porqué tantos mensajes y exhortaciones de parte suya!?. Obsérvese, que según este nuevo mensaje, la Madre insiste que en estos tiempos necesita apóstoles de verdad, apóstoles que estén dispuestos a escucharla, obedecerle y ayudarle a transformar el mayor número de almas para Su Hijo, a quienes llama: «sedientos amor, de verdad, sedientos de Jesús». Entonces, el mensaje del 2 de septiembre es una nueva exhortación de la Virgen a que se le ayude a conquistar el mayor número de fieles posible para el Reino de Jesús. ¡Es importante destacarlo!

A continuación menciona algo que no había dicho antes -al menos con las palabras que ahora utiliza-: «Yo soy la gracia enviada por el Padre Celestial para ayudarlos a vivir la Palabra de mi Hijo.» Esta frase recuerda su oficio intercesor en la Iglesia desde Su gloriosa Asunción a los Cielos, pero además se debe aclarar, que cuando la Madre dice: «Yo soy la gracia enviada por el Padre Celestial para ayudarlos a vivir la Palabra de mi Hijo» no quiere afirmar, que no hayan otras gracias enviadas por Jesús que ayuden a vivir Su Palabra, sino que para los tiempos presentes que se viven, Ella es «la gracia» que su Hijo envía «desde el Cielo». Luego, hay muchas gracias enviadas por Jesús que nos ayudan a comprender Su Palabra, pero en estos tiempos hay una especial que «viene de arriba», que viene del Cielo. Y a esa gracia se le debe prestar atención. ¡Gloria a Dios que María aparece; que está con nosotros de manera especial, y como ha subrayado en mensajes anteriores: «¡es la última vez que de esta manera viene a la Tierra!»

Seguidamente, la Madre hablará de la «oración con el corazón», que es uno de los temas recurrentes de sus exhortaciones. Y obsérvese, además, que en el mensaje del 25 anterior invitó a «ser oración», por lo cual el mensaje de este 2 se debe ver como una continuación del anterior.

Muchos devotos de la Virgen María Reina de la Paz preguntan con frecuencia: «¿qué es la oración con el corazón?», ¿«cómo se ora con el corazón?». Y ahora la Madre ha respondido, ha dicho categóricamente: «Ámense los unos a los otros. Yo viví vuestra vida terrena y sé que no es siempre fácil, pero si se aman unos a otros, orarán con el corazón, alcanzarán cumbres espirituales y se abrirá para ustedes el camino hacia el Paraíso. » Entonces, la oración con el corazón -y alcanzar con ella las cumbres espirituales- es la oración que se puede hacer cuando se ama al prójimo.

Es cierto que cuando se ora el corazón se abre el alma al amor, pero también sucede lo contrario: si primero el amor hacia el prójimo no está en el corazón, no se puede orar debidamente porque Dios es amor. Y cuando se ora se va siempre en busca del amor. Entonces, la oración no es otra cosa que buscar al Dios-Amor y retenerlo consigo. Pero muchos, aún orando mucho, no logran alcanzar a Dios precisamente porque les falta el amor en su corazones hacia el prójimo. Por eso la Virgen nos pide algo hacer algo práctico antes de orar: «amarnos los unos a los otros.» Porque siempre la oración es un ejercicio de amor. La gente no lo entiende. Muchos se quedan como los fariseos en «palabrerías» cuando oran, porque no llegan a abrir el corazón a Dios porque no están acostumbrados a amar a su prójimo. Entonces, la oración viene a ser una comedia, una especie de teatro. Y la Virgen quiere ayudarnos, quiere enseñarnos a orar como se debe, es decir, «con el corazón». Y quiere además que con esa oración «alcancemos las cumbres espirituales». Entonces, para orar como se debe, hay que romper las barreras del egoísmo humano, de los temores, del respeto humano, en suma, de los rencores. Y por su puesto: hay que perdonar y amar.

La Virgen cuando habló la primera ves de la «oración con el corazón» al inicio de las apariciones mencionó: «para orar con el corazón hay que perdonar y pedir perdón», y ahora, 34 años después, dice algo parecido: para orar con el corazón hay que amarse uno a otro. Entonces, sin amor al prójimo no se puede orar correctamente, y lo mismo se aplica para alcanzar las «cumbres espirituales». Esas cumbres espirituales de la que habla María, son las cumbres de la santidad, y a la vez, son las cumbres de la experiencia de Dios en la Tierra: experimentar a Dios en plenitud, en expresión de san Pablo: poder ser llevado hasta tercer cielo. (Cf. 2 Cor 2.2)

Posteriormente la Madre dice: «Sean fieles a mi Hijo y enseñen la fidelidad a los demás. Estoy con ustedes, los ayudaré.» Esta exhortación la ha repetido muchas veces. Seguramente, porque desde el Cielo Ella observa que muchos de sus Hijos fallan en la fidelidad a Jesús: hacen promesas, expresan deseos de no pecar, de orar asiduamente y muchas cosas más… y al final caen en pecado y están convencidos que es «normal caer», que «Dios nos quiere igual si caemos o no caemos» o que «es imposible vivir la santidad». Todas estas cosas son mentiras del maligno, porque nadie está condenado a vivir ofendiendo a Dios toda su vida, nadie tiene porque vivir encadenado de por vida a los vicios y pecados de debilidad, o a las imperfecciones de carácter… Por eso la Madre exhorta a la fidelidad mientras se enseña a los demás lo que significa se fiel a Jesús. Y esto es importante recalcarlo: una persona esclava no puede mostrar lo que es la fidelidad, ni sabrá enseñar a los demás la fidelidad a Jesucristo. Por eso se deben acabar las ataduras. La Madre diría: «basta de esclavitudes, un esclavo no puede liberar a otro esclavo.» Entonces, María está presente para ayudarnos, lo que significa que hay que confiar en Ella y aprender a caminar con Ella, porque si alguno quiere que María le ayude, tiene que aprender a vivir con Ella, porque de lo contrario ¿como le podría ayudar?

Luego, la Madre ha dicho algo importante sobre el magisterio que desarrolla desde Medjugorje: «Les enseñaré la fe para que sepan transmitirla de manera correcta a los demás. Les enseñaré la verdad para que sepan discernir. Les enseñaré el amor para que conozcan lo que es el verdadero amor. Queridos hijos, mi Hijo logrará hablar a través de vuestras palabras y de vuestras obras.» Aunque desde 1981, estas frases condensan lo que ha estado haciendo, nuevamente este 2 nos lo vuelve a recordar, con la intención de que lo tengamos presente y para que consideremos lo que aún está por venir de parte Suya. En efecto, Ella habla de va enseñar la fe, va enseñar la verdad, va enseñar el amor para que Su Hijo hable por medio nuestro. Como se ve, entonces, «las apariciones de Medjugorje aún están en su fase inicial -como recientemente dijo Marija Pavlovic-». María aún tiene mucho que enseñar, enseñar más fe, más amor y más verdad evangélica. Lo que nos lleva a pensar, que las apariciones de Medjugorje desempeñan un lugar relevante en la Iglesia frente a los tiempos que vivimos. Por otro lado, la Virgen, más allá de las famosas cinco piedritas que muchos citan como corolario de sus mensajes, recuerda ahora otros tres aspectos fundamentales de sus exhortaciones, y por ende, de la espiritualidad que desarrolla en Medjugorje: la fe firme y la verdad que emergen de los contenidos de los doce artículos del Credo católico y cuanto Jesús nos enseñó, y que, en suma, son la vía del amor, el camino esencial de la espiritualidad medjugoriana y cristiana.