«¡Queridos hijos! Los he elegido a ustedes, apóstoles míos, porque todos  llevan en sí algo hermoso. Ustedes me pueden ayudar a fin de que el amor por el cual mi Hijo murió, y luego resucitó, venza nuevamente. Por eso los invito, apóstoles míos, a que en toda criatura de Dios, en todos mis hijos, procuren ver algo bueno y procuren comprenderlos. Hijos míos, todos ustedes son hermanos y hermanas por el mismo Espíritu Santo. Ustedes que están llenos del amor hacia mi Hijo, pueden narrar a todos aquellos que no han conocido ese amor, lo que ustedes saben. Ustedes han conocido el amor de mi Hijo, han comprendido Su Resurrección, ustedes ponen sus ojos con alegría en Él. Mi deseo maternal es que todos mis hijos estén unidos en el amor hacia Jesús. Por eso los invito, apóstoles míos, a vivir la Eucaristía con alegría, porque en la Eucaristía mi Hijo se da a ustedes siempre de nuevo, y con Su ejemplo les muestra el amor y el sacrificio por el prójimo. ¡Les doy las gracias! »

https://www.youtube.com/watch?v=rvVhiYjxcwA

 

REFLEXIÓN DEL MENSAJE DEL 2 DE ABRIL DE 2015

1. La Conversión el más urgente llamado. La Madre comienza recordándonos la razón de su visita a la Tierra y dice: «Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamado» Delante a dichas palabras, debemos preguntarnos en humildad, si en realidad hemos tomado la conversión con seriedad, porque de no ser así podríamos estar fallando en aquello que la Madre considera prioridad.

La conversión es un camino que no termina nunca. El hombre mientras está en esta Tierra jamás debe terminar de convertirse. Pero lo cierto es que en la Iglesia, muchos piensan que su proceso de conversión ya terminó. Exactamente como pensaban los fariseos y saduceos en la época de Jesús. Entonces, es un error gravísimo llegar pensar que no tenemos necesidad de conversión. Como es otro error, no hacer nada por cambiar de vida, cambiar patrones de comportamientos del mal hacia el bien y del bien hacia lo mejor, y de lo mejor hacia la santidad plena. El único que nos puede decir que no tenemos necesidad de conversión es Dios. Pero, que sepamos en la historia de la espiritualidad católica, jamás Dios le ha dicho a alguno: «ya eres santo, ya no necesitas convertirte». Por el contrario, cuánto más los santos se acercaban a Dios, más consientes eran de su miseria. Entonces, la verdadera espiritualidad de Medjugorje consiste en trabajar en la conversión personal cada día. Por eso la Madre en este 25 de marzo ha dicho: «Queridos hijos, también hoy el Altísimo me permite estar con ustedes y guiarlos por el camino de la conversión. Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamado.» Ella sabe que a muchos no les interesa para nada la conversión, piensan que ya están bien, que no tienen nada que cambiar, que están habituados a vivir con el pecado. Tanto han pecado que no ven la diferencia entre vivir en gracia y ofender a Dios cada día. Para ellos la santidad propia de Dios es algo completamente desconocido. Pueden pensar incluso, que Dios acepta satisfactoriamente todas las imperfecciones que poseen y los defectos de carácter. Por lo común, son quienes no meditan como deben los Evangelios, y en lugar de trabajar cada día en sus corazones, llenan el día de actividades exteriores: cambian la conversión personal, incluso por el trabajo en la iglesia o por trabajar para la misma Virgen. En realidad, no se esmeran en conocer la Voluntad de Dios para ellos. Por eso la Madre dice: «Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamado.»

Luego la Madre dice: «Ustedes, hijitos, oren y luchen contra las tentaciones y contra todos los planes malvados que el diablo les ofrece a través del modernismo.» En esta segunda parte del mensaje, la Madre nos dice a todos lo que debemos hacer. Comienza por decir: «Ustedes, hijitos, oren.» Porque quien no ora no podrá vencer el pecado ni las imperfecciones que le acompañan. Entonces, la conversión comienza con la oración. Y la Madre ha dicho al respecto: «oren, oren, oren… no tengo nada más que decirle porque con la oración lo pueden lograr todo.» Entonces, orar es decidirse por la conversión. La Virgen no viene a instituir una nueva advocación hacia Ella sino a invitarnos a la conversión. Y si no se toma la vida de oración en serio no se vivirá jamás la conversión. Por lo tanto, cada día el plan espiritual personal comienza de rodillas ante Dios. Reconociendo su grandeza y la pequeñez del ser humano: con el rosario en mano, la Biblia y el crucifijo. Para eso hay que apagar el televisor, el celular-móvil, el internet… incluso, apagar la propia vida, apagar el corazón para poder escuchar a Dios. Con el corazón encendido, enfocado en las cosas del mundo, en los propios pensamientos… no se puede escuchar a Dios. Para orar hay que saber callar interiormente, dejar la agitación, el bullicio del mundo. Luego hay que invocar al Espíritu Santo y comenzar a dilatar el corazón para recibir el amor de Dios. Entonces se puede orar. Porque no puede haber oración sin el amor de Dios. Por eso muchas oraciones o meditaciones son un fracaso, porque no tienen amor. Y también hay que recordar que la conversión es amor: estará más convertido quien más ama, no quien más reza o quien más visita Medjugorje o quien asiste a más procesiones o quien más ayuna o quien más trabaja en la Iglesia o quien más teología sabe. ¡No! El que más se convierte es quien más ama a Dios y a su prójimo. Entonces hay que convertirse para crecer en el amor y todo comienza por la oración, porque en el fondo orar es amar. No es otra cosa. Cuando la Virgen nos dice: «oren, oren, oren» lo que nos está diciendo es «amen, amen, amen». Se crece en amor por la oración y se crece en la oración por el amor. En el fondo oración y amor Divino es lo mismo.

2. Luchar contra las tentaciones y los planes malvados que Satanás ofrece en el modernismo.

Estamos viviendo un momento muy difícil pero también lleno de esperanza por el gran Papa que tenemos y las apariciones de Medjugorje. Pero debemos estar en guardia frente a los planes malvados de Satanás por medio del modernismo. No todo lo que es moderno es malo, pero según la Madre, hay planes malvados de Satanás en algo de ello. Por ejemplo, en la jurisprudencia, cuando se legaliza el aborto, las drogas, el divorcio exprés, la eutanasia. En la sociedad, con la ideología de género, que intenta imponer más géneros de los que el mismo Dios creo, o bien con la dictadura del relativismo o el fanatismo de religioso de grupos extremistas que asesinan en nombre de Dios. ¿Y qué decir del fenómeno del adulterio, la pornografía, las relaciones casuales, el vivir en pareja sin el sacramento del matrimonio, el alquiler de vientres, la esterilización, contracepción, fertilización in vitro, manipulación de embriones? O bien, cuando la tecnología se hace dependencia, como el fenómeno que se está dando de la compulsividad adictiva del chat y de las redes sociales. ¿No se está imponiendo en algunos países, bajo el concepto de respeto a los derechos humanos, la ideología del agnosticismo y el ateísmo equiparando o superando la noción tradicional de la religión? ¿Qué decir además del sincretismo que ha invadido la misma Iglesia donde tantos cristianos practican el yoga, el esoterismo, la magia, el eneagrama, la superstición? ¿No se ha dejado de ayunar y de hacer penitencia en muchos conventos? ¿No se ha sustituido la Dirección espiritual por el acompañamiento de psicólogos en algunas casas de formación a la vida consagrada? ¿No son, en parte, estos peligros los que debemos evitar? Son tiempos difíciles pero se pueden superar con la Virgen y los consejos que Ella nos da. Entonces, hay que estar en guardia frente a los planes malvados de Satanás, que intenta devorar con sus engaños a los hijos de Dios del camino que nos trazó Jesús con su vida y su predicación. Entonces, frente a todo eso la Virgen nos dice lo que hay que hacer: « fuertes en la oración y con la cruz en las manos, orar para que el mal no nos utilice y no venza en nosotros.» No queda más: se ora como la Iglesia enseña y se participa de Ella frecuentemente, o los fieles y hombres de buena voluntad, se descalabran por las sendas de la confusión que Satanás impone para perder a las almas.

Luego en el mensaje del 2 de abril la Madre dijo:

«¡Queridos hijos! Los he elegido, apóstoles míos, porque todos llevan dentro de sí algo hermoso. Ustedes me pueden ayudar a fin de que el amor por el cual murió mi Hijo, y luego resucitó, venza nuevamente. Por eso los invito, apóstoles míos, a que en toda criatura de Dios, en todos mis hijos, procuren ver algo bueno y a que intenten comprenderlos. Hijos míos, todos ustedes son hermanos y hermanas por el mismo Espíritu Santo. Llenos de amor hacia mi Hijo, pueden hablar de lo que saben a todos aquellos que no han conocido ese amor. Ustedes han conocido el amor de mi Hijo, han comprendido su Resurrección y ponen sus ojos con alegría en Él. Mi deseo maternal es que todos mis hijos estén unidos en el amor hacia Jesús. Por eso los invito, apóstoles míos, a vivir la Eucaristía con alegría, porque en la Eucaristía mi Hijo se da a ustedes siempre de nuevo y con su ejemplo les muestra el amor y el sacrificio por el prójimo. Les doy las gracias.»

El mensaje del 2 es una prolongación del anterior. Cuando la Virgen dice: «Los he elegido, apóstoles míos, porque todos llevan dentro de sí algo hermoso. Ustedes me pueden ayudar a fin de que el amor por el cual murió mi Hijo, y luego resucitó, venza nuevamente.» Es para hacernos ver que no pertenecemos al mundo de la confusión, porque tenemos un solo norte que es Jesús y la vida eterna que Él orece. Y todos tenemos algo hermoso que ofrecer a los demás que es la fe, a la que se refiere la Virgen.

Luego, la Madre dice algo muy importante, que se procure ver “en toda creatura algo bueno y que del mismo modo se intente comprender al prójimo”. Es una manera de decir “ustedes no tienen escusa para no amar, porque en todo ser humano siempre hay algo bueno. Esto lo dice la Madre porque Ella sabe que la razón por la que muchos de sus hijos no aman al prójimo como debe ser, es porque ven únicamente lo negativo en los demás o bien, se quedan con los defectos de carácter de las personas que los rodean. Entonces, si vemos lo bueno que tiene cada uno tiene, y lo tenemos siempre presente, fácilmente se superan las divisiones. Por consiguiente, es evidente una vez más, que la mejor forma en la que podemos ayudar a la Virgen es con el amor. La Madre no quiere que sus hijos guarden rencor hacia nadie y que al observar el lado bueno que todo ser humano posee se superen las distancias que los prejuicios crean.

Luego dice algo también fundamental de cara al modernismo del cual habla el mensaje anterior: que “hablemos de aquello que nosotros sabemos frente aquellos que nos han conocido el amor de Dios”. Para alguien que ama, que está habituado a ver el lado bueno de cada ser humano, no le es difícil amar y hablarle del amor de Dios a cualquiera, pero la cosa se complica para aquel que no está habituado a aceptar a los demás como son. Por lo cual, el mensaje en sí, es una llamada a superar las barreras que se crean frente al prójimo. Porque la única forma que se le puede hablar a alguien del amor que se experimenta en el corazón es por medio del amor mismo. Cuando se ama no hacen falta tantas palabras. Un día dijo la Virgen: “yo puedo estar en tantos lugares a la vez porque amo”. Nosotros no somos María ni estamos en el Cielo, pero la Virgen nos educa por medio de sus palabras y nos hace comprender que si el amor le permite a Ella estar en varios lugares a la vez y superar las distancias, es porque Ella sabe que, en la medida en que amemos, también nosotros podemos superar las distancias de la indiferencia y estar presente en el corazón de quienes conocemos. Entonces, cuando la Madre nos dice que hablemos a los demás del amor de Dios, no nos está pidiendo retórica ni nos pide que memoricemos conceptos, como una tarea del colegio o de la universidad. ¡No! Lo que quiere es que transmitamos vida, experiencia. Entonces, Ella insiste en que el fundamento de la evangelización es el testimonio de la experiencia del amor de Dios. El problema puede radicar que muchos cristianos e hijos de María, no se esfuerzan en abrirle cada vez más su corazón a Dios, y por lo tanto, la experiencia de Su amor no se logra como debe ser. Luego, el mensaje es también una llamada a no descuidar la oración del corazón porque es por medio de esa oración que se experimenta el amor de Dios.

Después dice: “Por eso los invito, apóstoles míos, a vivir la Eucaristía con alegría, porque en la Eucaristía mi Hijo se da a ustedes siempre de nuevo y con su ejemplo les muestra el amor y el sacrificio por el prójimo.” Esta última parte del mensaje es fundamental, toda vez que la Madre indica, que además de la oración, quien no vive la Eucaristía no crece en el amor. Y la llamada a vivir la Eucaristía comienza con la disposición de la alegría. De seguro la Madre lo dice porque desde el Cielo observa que muchos de sus hijos asisten a Misa tristes o sin mayor motivación. Observemos por otro lado, que este mensaje la Madre lo dio el Jueves Santo, día de la institución de la Eucaristía y del Mandamiento del amor, del cual nos habla el mensaje. Entonces, la Virgen desea que ante todo, se vaya a Misa alegre porque en cada Misa que asistimos Jesús se da todo a los fieles. Al inicio de las apariciones la Madre dijo: que para que los fieles comprendieran lo que es la Misa, había que prepararse, por lo menos, con quince minutos de oración. Por eso en Medjugorje, antes de la Misa Internacional, se rezan cada día 10 misterios del santo rosario. Mucha gente cuando asiste a Misa en Medjugorje, dice que es la mejor de todas a la que ha asistido, y que escuchó la mejor homilía. De suyo Medjugorje es un lugar de gracia. Pero la verdadera razón del porqué esto ocurre allí, se debe porque antes de Misa se oró una hora, además de que la mayoría que asiste a Misa en Medjugorje, antes subieron los Montes o estuvieron en adoración varias horas o se confesaron bien. Entonces, asisten a Misa alegres y sienten que el Cielo desciende. Pero ¿qué ocurre cuando regresan a casa? Muchas veces no entienden la homilía en su propia lengua y les aburre asistir a Misa. Y la razón, porque no oran antes. Entonces ¿porqué hay que orar para acudir alegre a la Misa, para entenderla? Porque la Misa no es de la Tierra. Y para entenderla, primero hay que conectarse con el Cielo por medio de la oración. Por lo tanto, la mejor manera de asistir a Misa, como lo dijo lo Virgen, es orar antes. Porque cuando el corazón se le abre a Dios, Él mismo lo colma de alegría. También el respecto dijo la Madre: “Oren hasta que la oración se transforme en alegría en ustedes”. ¡Feliz y Santa Pascua de Resurrección!