«Queridos hijos, deseo actuar a través de ustedes, mis hijos, mis apóstoles, para que al final pueda reunir a todos mis hijos allí donde está todo preparado para su felicidad. Oro por ustedes, para que con las obras puedan convertir a los demás, porque ha llegado el tiempo de las obras de la verdad, de mi Hijo. Mi amor obrará en ustedes, me serviré de ustedes. Tengan confianza en mi, porque todo lo que deseo, lo deseo para su bien, eterno bien, creado por el Padre Celestial. Ustedes, hijos míos, apóstoles míos, viven la vida terrena en comunidad con mis hijos que no han conocido el amor de mi Hijo, aquellos que a mí no me llaman Madre. Pero no tengan miedo de dar testimonio de la verdad, porque, si ustedes no tienen miedo y dan testimonio con valor, la verdad milagrosamente vencerá. Pero recuerden: ¡la fuerza está en el amor! Hijos míos, el amor es arrepentimiento, perdón, oración, sacrificio y misericordia. Si saben amar con las obras convertirán a los demás, permitirán que la luz de mi Hijo penetre en las almas. ¡Les doy las gracias! Oren por sus pastores, ellos pertenecen a mi Hijo, Él los ha llamado. Oren para que siempre tengan la fuerza y el valor de brillar con la luz de mi Hijo.»

REFLEXIÓN DEL MENSAJE DEL 2 DE JUNIO

Por el P. Francisco Verar

Al momento hay muchos peregrinos en Medjugorje y expectativas por la visita del Papa a Sarajevo. Oremos por esta misión y que sus palabras sean acogidas con amor entre todos.

El mensaje de este 2 de junio, mes de María Reina de la Paz y de los Sagrados Corazones, como el anterior del 25 de mayo, es una preparación a la Fiesta de María de Reina de la Paz, 25 de junio. Se cumplirán 34 años de la primera aparición y la Madre nos dice cómo debemos prepararnos y qué espera de nosotros. Comienza diciendo: «Queridos hijos, deseo actuar a través de ustedes, mis hijos, mis apóstoles, para que al final pueda reunir a todos mis hijos allí donde está todo preparado para su felicidad». De esta primera parte del mensaje deslumbran dos aspectos: la importancia del apostolado de quienes siguen Medjugorje y la importancia de la vida eterna. La Virgen quiere que sus apóstoles, sus hijos, trabajen por la salvación de las almas: que le preparen la vida eterna a quienes van por el camino errado. Si se observan bien los últimos mensajes, es notorio que la Madre está destacando últimamente este aspecto: el aspecto del apostolado de sus hijos. Es un paso más en el catecumenado medjugoriano. No basta orar, ayunar, ir a Misa, confesarse, llevar objetos religiosos benditos. ¡No! También hay que evangelizar, catequizar, hablar de Jesús, de Dios a todos, inclusive, como dice el mensaje «a quienes no han conocido el amor de Jesús». Por lo tanto, hay que pensar que se hace por ellos. En la Iglesia hay muchas obras de caridad, de misericordia, educativas… pero faltan ¾a los ojos de María¾ más obras de evangelización por quienes no han conocido el amor de Jesús. El mensaje, evidentemente, es una llamada a la evangelización, aunque de suyo, en esta ocasión, no mencione dicho concepto.

También dice: «Oro por ustedes, para que con las obras puedan convertir a los demás, porque ha llegado el tiempo de las obras de la verdad, de mi Hijo.» La oración que la Virgen está haciendo estos días por nosotros en el Cielo, van encausadas en la dirección de la evangelización de sus hijos. ¡Qué curioso: nosotros oramos a la Madre por nuestras necesidades y en cambio, Ella ora para que nosotros convirtamos a los demás! Es decir, ¡para que acerquemos más almas a Jesús! Ahora bien, las oraciones que la Virgen hace por sus hijos a Dios Padre, Él las escucha más que las que nosotros le podamos presentar. Po eso los antiguos llamaron a la Virgen: «¡la Omnipotencia suplicante!» Y ciertamente lo es. Pero también, y con razón, debemos permitir que la gracias que Dios derrame por esas peticiones suyas produzcan en nosotros las gracias que María quiere alcanzar: que nuestras con obras convirtamos a los demás. Fijémonos que la Virgen habla de «obras»; en general, porque hay muchas forma de evangelizar: por medio del testimonio, actos de amor, palabras, gestos de misericordia… Lo importante es considerar, que como dice la Madre que «ha llegado el tiempo de las obras de la verdad» ¿Qué quiere decir esta expresión? Que ha llegado el tiempo a sus hijos de llevar la Palabra de Jesús a los demás con la vida y las obras de evangelización. En otras palabras, la Madre no quiere que perdamos más tiempo y que tiremos las redes de la gracia de Dios a las almas que se pierden en el pecado. No a alguna en particular, sino ha todas, en especial a quienes están más cerca de nosotros y con quienes nos relacionamos.

También dice en el mensaje: «Mi amor obrará en ustedes, me serviré de ustedes. Tengan confianza en mi, porque todo lo que deseo, lo deseo para su bien, eterno bien, creado por el Padre Celestial.» Con esta frase la Madre ayuda a sus hijos a que disipen los temores. No hay que temer, por el contrario hay que confiar que María nos ayuda en la conversión de las almas, su amor nos acompaña. Y al convertir las almas nos ayudamos a nosotros mismos, es un bien para nosotros, porque quien salva las almas se salva a de su prójimo se salva a sí mismo. Escribió Santiago: «sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados.» St 5,20.

También en el mensaje la Madre dice: «Ustedes, hijos míos, apóstoles míos, viven la vida terrena en comunidad con mis hijos que no han conocido el amor de mi Hijo, aquellos que a mí no me llaman Madre.» Una vez la Madre expresa su dolor por tantos hijos que no la conocen y no conocen a Su Hijo y por tanto quiere que le ayudemos. María está en el Cielo y desde el Cielo no puede evangelizar como nosotros lo podemos hacer en la tierra, y cuando estemos en el Cielo, tampoco lo podremos hacer más. Por tanto, el tiempo de la evangelización para nosotros es AHORA. María nos llama, apóstoles suyos, hijos suyos, que vivimos en la vida terrena y en comunidad con quienes no han conocido el amor de Jesús. Eso quiere decir que no podemos permanecer indiferentes con ellos y que, por diversas razones, se auto excluyen de María, de Jesús; que construyen su vida al margen de Dios. El mensaje de este 2 por tanto, es una invitación a salir del ostracismo, del repliegue, de las casillas en la que cada cual puede vivir escondida sin compromiso, vida egoísta que no toma en consideración la salvación de los demás. Es la vida cínica que excluye tantas frases de Jesús: “ir en busca de las ovejas extraviadas” de “enseñar a los todos los pueblos a ser discípulos”. El mensaje de la Virgen da mucho que pensar, porque si estamos haciendo lo correcto, no tendría motivo para expresarse de la manera que la hecho. Pero a pesar de todo, muchos seguirán indiferentes viviendo apartados del mundo y de la salvación de los demás. Los cristianos cómodos, los cristianos light , los “bajos en las calorías del Espíritu Santo”.

También dice: «Pero no tengan miedo de dar testimonio de la verdad, porque, si ustedes no tienen miedo y dan testimonio con valor, la verdad milagrosamente vencerá.» Es la llamada a vencer lo que la Madre ve, que en muchos en un verdadero obstáculo para evangelizar: el miedo. Hay 2 tipos de miedos: uno bueno que nos advierte del pecado y de los peligros en general, y otro malo, que incluso puede ser diabólico, aquel que se opone a la verdad, a cuanto podemos hacer en beneficio de las almas y de nosotros mismos. De hecho, hay gente que le tiene miedo a Medjugorje, a estar en una aparición cerca de la Virgen, miedo a la Confesión, miedo a hacer el ridículo hablando de Jesús a los demás, miedo de expresar la fe cristiana públicamente, miedo a hablar en público, miedo, incluso, a enamorarse por experiencia negativas pasadas… Pero siempre el peor miedo es el miedo a abrir el corazón a Dios por miedo a lo que pueda pedir. Esos miedos se originan en la falta de amor, en la falta de fe, en las heridas del pasado. Pero lo peor, es que esos miedos no permiten dar pasos firmes de entrega verdadera a Dios, y Satanás se aprovecha de ellos para que las almas no cambien hacia el bien. La respuesta entonces es despertar la confianza en María y en Jesús, orar mucho y ayunar a pan y agua los miércoles y viernes.

Luego la Madre dice: «Pero recuerden: ¡la fuerza está en el amor! Hijos míos, el amor es arrepentimiento, perdón, oración, sacrificio y misericordia. Si saben amar con las obras convertirán a los demás, permitirán que la luz de mi Hijo penetre en las almas.» Bueno, para quien quiere cambiar y ayudarse a sí mismo y ayudar a la Madre, además de la confianza, la oración y el ayuno debe abrirse al amor. Sin amor no se camina a la felicidad. Pero el amor, está vez, la Madre lo define con conceptos específicos: primero arrepentimiento. Esto significa que se comienza con la contrición, la compunción de haber fallado, y luego con el perdón. El arrepentimiento es el reconocimiento ante Dios de las faltas cometidas. Es humillarse ante Él. Todos erramos, pero no todos se arrepienten de lo que hacen, solo quien está dispuesto amar. Es lo que enseña la Virgen en este mensaje. Y cuando uno se arrepiente y pide perdón, luego vienen las obras. ¡Esto es importante destacarlo! Porque la razón por la que muchos no evangelizan es por el pecado en el que viven, y por lo mismo la Virgen invita al arrepentimiento y al perdón. Perdonarse a sí mismo, pedir perdón y perdonar. Todo lo relacionado con el perdón. De lo contrario el corazón no se purifica, no cambia para el bien.

También habla de que el amor es sacrificio y misericordia. Pero obsérvese que son conceptos teológicos y no sentimentales. Porque el amor al que la Virgen se refiere es el amor evangélico y no el de las novelas, de las historias de amor interpersonal. Por lo tanto, amar es mucho más que un sentimiento, conlleva sacrificio y también misericordia, ponerse en lugar del que sufre. Es dejar lo propio para vivir el dolor del hermano, pero no del que elijo sino de todo mi prójimo, del que me está cerca en mi cotidianidad. Es el amor lo que nos conduce a romper con la miseria del egoísmo y trabajar por las almas. Y para ello hay que sacrificar gustos, placeres, criterios, comportamientos, planes…

Al final del mensaje la Virgen dice: «Oren por sus pastores, ellos pertenecen a mi Hijo, Él los ha llamado.» Una constante en los mensajes del 2 de cada mes, es que la Madre pide que se ore por los pastores ¾obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos¾ porque nuestro ministerio se sostiene también de la oración del pueblo de Dios. Luego, en nuestros rosarios, Liturgia de las Horas, preces en la Misa, no se debe pasar por alto esta petición de la Madre. Como también cuando dice: «Oren para que siempre tengan la fuerza y el valor de brillar con la luz de mi Hijo.» Es decir, para que tengamos fuerza y valor, que es fundamental, porque muchas veces no se posee ese valor y esa fuerza que la Madre quiere de nuestro ministerio, y somos tan frágiles como cualquier otro miembro del Cuerpo Místico de Jesús. Por eso la Madre quiere que se ore por nosotros constantemente, y a nosotros nos pide que oremos por los laicos. Así en comunión de oración imploramos a Dios las gracias que todos necesitamos para perseverar en la vocación a la que hemos sido llamados. ¡Sea alabado Jesús!