Mensaje extraordinario de la Virgen María Reina de la Paz del 11 de mayo de 2015 en la Cruz Azul de Medjugorje por medio de Iván

 Comentario de Iván y mensaje de la Virgen María

«Esta tarde, la Virgen ha venido contenta y feliz, y al inicio, como siempre, nos ha saludado a todos con su saludo materno: “sea alabado Jesús”. Luego por un periodo de tiempo la Virgen ha extendido sus brazos, ha orado sobre todos nosotros, en modo particular sobre ustedes los enfermos presentes. Luego la Virgen ha dicho:

 “Queridos hijos, también hoy deseo nuevamente invitarlos a orar en este tiempo por mis intensiones: por mis planes que deseo realizar con mi venida aquí. ¡Oren, queridos hijos, y sean perseverantes en la oración!. La Madre ora con ustedes e intercede por todos ustedes junto a Su Hijo. ¡Gracias, queridos hijos, por haber respondido también hoy ha mi llamado!”

 Luego la Virgen ha bendecido a todos con su bendición materna y ha bendecido todos los objetos religiosos que han traído. Luego la Virgen ha continuado a orar por todos por un periodo de tiempo y con esta oración se ha marchado en el signo de la luz y de cruz diciendo: ¡vayan en paz queridos hijos míos”»

COMENTARIO DEL P. FRANCISCO VERAR 

La Virgen una vez más se nos presenta como Misionera de la paz en un mundo sin paz. Pero al mismo tiempo, nos dice, que del mismo modo, necesita misioneros de paz. ¿Cómo?. Ante todo con nuestras oraciones. Todos podemos ser misioneros de paz, desde nuestros estados de vida: el laico, como laico, el sacerdote como sacerdote, el religioso como religioso… pero orando junto por un fin particular que la Madre nos presenta hoy: por sus intenciones, por un proyecto de paz especial que Dios ha puesto en sus manos que debe realizarse. Por lo tanto, la Virgen necesita de todos y todos la podemos ayudar, ahora más que nunca. Por consiguiente, en esta Novena de Pentecostés que inicia el 15 de mayo debemos hacerla por la intención que la Virgen María nos ha presentado: Por sus planes en Medjugorje. Ayudemos de corazón a la Madre que nos necesita. Todos nuestros esfuerzos, oraciones, ayunos, pequeños sacrificios, adoraciones eucarísticas, pueden ser encausados por esa necesidad. La Madre nos lo agradece.