Adviento 2

  1. Mensaje del 25 de noviembre de 2015

«Queridos hijos, hoy los llamo a todos: oren por mis intenciones. La paz está en peligro, por lo tanto, hijitos, oren y sean portadores de paz y esperanza en este mundo sin paz donde Satanás ataca y pone a prueba de todas las formas. Hijitos, sean fuertes en la oración y valientes en la fe. Yo estoy con ustedes e intercedo ante mi Hijo Jesús por todos ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!» 

¡Gracias a Dios el Cielo nos sigue hablando! María no está cansada de hablar y, de igual modo, nosotros no debemos cansarnos de escucharla. Sus mensajes son palabras que nos ayudan, son una especial hoja de ruta para los tiempos que vivimos, un GPS para construir la paz y salvar el alma, para ser testigos de Jesús.

a) En este Adviento que prepara el Año Santo Jubilar de la Misericordia, la Reina de la Paz nos pone en guardia y nos muestra lo que se debe hacer. Nos lo señala desde su condición de Madre de Dios y de la humanidad, desde su condición de Reina de Cielos y Tierra. Precisamente, frente a los últimos acontecimientos conocidos por todos dice: «Queridos hijos, hoy los llamo a todos: oren por mis intenciones.» ¿Por qué? Porque desde 1981 sus intenciones van dirigidas a la paz y la conversión de los hombres. Y quizá algunos han olvidado del porqué Dios la ha enviado al mundo. Un cristiano católico no puede permanecer indiferente ante el Signo extraordinario de María en Medjugorje. Toda vez que la Mujer vestida del Sol que anuncia el Apocalipsis, antes de la venida de Jesús, aparece todos los días. La Virgen dijo al principio: «tomen en serio mis mensajes, Dios no juega con la humanidad al haberme enviado entre ustedes». Entonces, estamos frente a un tiempo especial de gracia: «Medjugorje es, –ha dicho la Virgen-, un tiempo de gracia para la humanidad». Es cierto que aun la Iglesia no ha reconocido oficialmente la sobrenaturalidad de Medjugorje, pero tampoco la ha negado. Entonces, debemos ayudar a la Virgen y a la Iglesia a construir la paz y trabajar por la conversión de las almas. La Madre ha dicho: «Oren por mis intenciones.» Eso quiere decir, que cuando tomes la corona del Rosario en mano, antes de comenzar a rezar, debes decir: ­¾«ofrezco esta corona del Rosario por las intenciones de María Reina de la Paz, lo ofrezco porque la paz está en peligro». Lo mismo hay que hacer en el rezo de la Liturgia de la Horas, lo mismo delante de Jesús Sacramentado: adorar por la intenciones de la Virgen y porque la paz está en peligro. Al igual, los miércoles y viernes con el ayuno a pan y agua. La Virgen ha dicho que las guerras pueden ser suprimidas con el ayuno a pan y agua. Quien ama a la Virgen no debe tener miedo al ayuno y debe ofrecer cada semana este pequeño sacrificio por sus intenciones.

b) La Virgen también ha dicho que «Satanás pone a prueba con todas las formas», y un día dijo que él «quería destruir hasta el planeta en el que vivimos». Pero hay que considerar, que para vencer a Satanás no solo hay que realizar exorcismos y oraciones de liberación, sino que hay que tomar con seriedad la vida de oración. Satanás toma la delantera en el mundo porque no se está orando y ayunando como se debe. Este tiempo de Adviento no es tiempo de comidas y bebidas, de bailes, de fiestas… sino de oración, sobriedad y ayunos. Tiempo para ofrecer renuncias especiales, porque la paz está en peligro; hay una gran amenaza contra la paz de la humanidad. Lo que puede suceder depende de nosotros, no de Dios. Depende de nuestra respuesta. El Cielo habla y nos dice lo debemos hacer, de nosotros depende la respuesta. La Madre ha dicho: «Hijitos, sean fuertes en la oración y valientes en la fe.» Luego, hay que estar atentos frente a la sociedad de consumo y vencer la tentación de las compras, de las diversiones y comidas en este tiempo y más bien, ayudar a la humanidad y pasar más tiempo delante de Jesús. María ente la llega de Jesús en Navidad, preparaba Su Corazón, para que, al salir de su vientre, místicamente continuara permaneciendo en su alma, y por eso oraba y ponía más su mente y Su Corazón en Él. Lo mismo hacía San José. José añora conocer cara a cara a Jesús, lo quería cargar en sus brazos, pero, quería aun más que morara en su corazón. Y para él y María, la Navidad significaba acoger a Jesús y consagrarse totalmente a Su persona. También nosotros hoy: todas la fuerzas de nuestro interior deben estar focalizadas en Jesús y por eso la Virgen nos pide orar tanto. El alma se llena de Jesús cuando ora, no cuando come, o cuando bebe licor, o cuando baila, o cuando compra en la calle. Entonces estos días son días de oración y penitencia. La Madre quiere que hagamos grupos de oración y nos preparemos para la llegada espiritual de Jesús a nuestros corazones y así se detengan todas las guerras y los engaños de Satanás, el príncipe falso de la mentira, el homicida desde el principio.

  1. Mensaje del 2 de diciembre de 2015.

«Queridos hijos, yo estoy siempre con ustedes, porque mi Hijo me los ha confiado. Y ustedes hijos míos, ustedes me necesitan, me buscan, vienen a mi y alegran mi Corazón materno. Yo tengo –y siempre tendré- amor para ustedes, para ustedes que sufren y que ofrecen sus dolores y sufrimientos a Mi Hijo y a mí. Mi amor busca el amor de todos mis hijos y mis hijos buscan mi amor. Por medio del amor, Jesús busca la comunión entre el Cielo y la Tierra, entre el Padre celestial y ustedes, mis hijos, su Iglesia. Por eso necesitamos orar mucho, orar y amar la Iglesia a la cual pertenecen. Ahora la Iglesia está sufriendo y necesita apóstoles que, al amar la comunión, al testimoniar y dar, muestren los caminos de Dios. Necesita apóstoles que, viviendo la Eucaristía con el corazón, realicen grandes obras; necesita de ustedes, mis apóstoles del amor. Hijos míos, la Iglesia ha sido perseguida y traicionada desde sus inicios, pero ha crecido día a día. Es indestructible, porque mi Hijo le ha dado un corazón: la Eucaristía. La luz de Su Resurrección ha brillado y brillará sobre ella. ¡Por eso no teman! Oren por sus pastores para que tengan la fuerza y el amor de ser puentes de salvación. ¡Les doy las gracias!

a) En el mensaje del 2 de diciembre la Virgen comienza diciendo: «Queridos hijos, yo estoy siempre con ustedes, porque mi Hijo me los ha confiado. Y ustedes hijos míos, ustedes me necesitan, me buscan, vienen a mi y alegran mi Corazón materno. Yo tengo y siempre tendré amor para ustedes, para ustedes que sufren y que ofrecen sus dolores y sufrimientos a Mi Hijo y a mí. Mi amor busca el amor de todos mis hijos y mis hijos buscan mi amor. Por medio del amor, Jesús busca la comunión entre el Cielo y la Tierra, entre el Padre celestial y ustedes, mis hijos, su Iglesia.» Esta primera parte del mensaje, es una ayuda que la Madre nos da para vivir sus mensajes. Comienza diciendo que Ella está siempre con nosotros. Si bien, habían miles de peregrinos con Mirjana en la Cruz Azul en el momento de la aparición, el mensaje es para todos. Por lo tanto, la Virgen quiere que todos sintamos que está siempre con sus hijos, y para sentirla, experimentarla hay que abrirle el corazón. La Virgen dice que nosotros la necesitamos, la buscamos y vamos a Ella, pero del mismo modo Ella viene a nosotros, porque es verdadera Madre de todos. Por eso dice «Yo tengo y siempre tendré amor para ustedes, para ustedes que sufren y que ofrecen sus dolores y sufrimientos a Mi Hijo y a mí. Mi amor busca el amor de todos mis hijos y mis hijos buscan mi amor.» Luego, Medjugorje es una gran oportunidad para crecer en el amor a María, la Reina de la Paz. Definitivamente, gracias a Medjugorje muchos descubren en su vida el rol de María y aprenden a caminar con Ella. En este mensaje la Virgen destaca ese papel mediador de intercesión.

b) En la segunda parte del mensaje la Madre dice: «Por medio del amor, Jesús busca la comunión entre el Cielo y la Tierra, entre el Padre celestial y ustedes, mis hijos, su Iglesia. Por eso necesitamos orar mucho, orar y amar la Iglesia a la cual pertenecen.» Este enunciado es muy importante, ya que la Madre recuerda uno de los propósitos de Su venida: la unión de todos con Su Hijo por medio del amor, porque el amor es el resumen de toda la Ley de Dios, lo esencial de la vida cristiana. Entonces la Madre lo vuelve a recordar, seguramente porque muchos de sus hijos lo están olvidando o bien, piensan que ya aman lo suficiente; cuando en realidad, sus obras pueden decir lo contrario. También conviene recordar, que uno de los fines precisamente del Año de la Misericordia que vamos a comenzar, es que todas las obras del cristiano deben ir acompañadas de gestos de ternura, de amor; ha subrayado en varias ocasiones el Papa Francisco. Entonces, el Año de la Misericordia quiere decir Año de Amor, porque la Misericordia es la expresión más radical del amor, es el rostro de Dios que Jesús nos manifestó, al extremo de inmolarse en la Cruz por nuestros pecados. Entonces, una vez más la Madre nos invita a deponer toda actitud de odio, rencor, celos, antagonismos… y ser testigos de lo que más cuenta ante Dios, el amor. Y para poder amar en plenitud, también hay que orar, porque la oración siempre es un encuentro de amor. Oramos cuando en la oración amamos. Orar con el corazón significa orar con amor, desde el amor.

c) La tercera parte de mensaje dice: «Ahora la Iglesia está sufriendo y necesita apóstoles que, al amar la comunión, al testimoniar y dar, muestren los caminos de Dios. Necesita apóstoles que, viviendo la Eucaristía con el corazón, realicen grandes obras; necesita de ustedes, mis apóstoles del amor. Hijos míos, la Iglesia ha sido perseguida y traicionada desde sus inicios, pero ha crecido día a día.» Cuando la Madre dice que la Iglesia está sufriendo, se refiere al sufrimiento que debe acompañar a todos los bautizados, todos debemos sentir y experimentar ese dolor. Pero no para criticar o juzgar sino para consolar y sanar, para amar. El amor construye, pero la lengua destruye. Es más fácil criticar que amar. La Madre nos ha dicho bien claro cual debe ser nuestra actitud frente a las pruebas que atravesamos en la Iglesia: primero que todo el amor, apóstoles que amen de verdad, y que el amor no sea solo sentimentalismo, sino testimonio de luz con las obras. Y la Madre dice además, que ante el sufrimiento de la Iglesia hay que amar la Comunión eucarística, saber que en ella cada día nuestra vida humana se une al Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Pero obsérvese que en este mensaje no ha dicho amar la presencia de Jesús en la Eucaristía, sino amar la Comunión, es decir: vivir en plenitud el momento de la unión sacramental en cada Misa. Ella dijo en un mensaje que «el momento más importante del día es cuando Jesús vivo viene a nosotros en la comunión» Y recuérdese que no hay acción del ser humano que se asemeje tanto a la Encarnación que, precisamente, el momento de nuestra sagrada Comunión eucarística. Entonces, la Madre quiere que en estos tiempos vivamos más en profundidad el momento de la Comunión sacramental. Y, que, del mismo modo, también se de testimonio del amor cada día con las obras de caridad, por eso dice que hay que «DAR», también habla de «REALIZAR GRANDES OBRAS». Luego, frente a los malos testimonios que encontramos en la Iglesia y de cara a las persecuciones no hay más que amar. Y esa opción por el amor es lo que salvará a la Iglesia. Entonces, el triunfo del Corazón Inmaculado de María es el triunfo del amor, y Medjugorje y el Pontificado del Papa Francisco son signos de ello. Por lo tanto, debemos esforzarnos en amar y pedir en esta Novena de Navidad que comienza el 16 de diciembre, el don del amor.

d) En la última parte del mensaje la Madre dice: la Iglesia es «indestructible, porque mi Hijo le ha dado un corazón: la Eucaristía. La luz de Su Resurrección ha brillado y brillará sobre ella. ¡Por eso no teman! Oren por sus pastores para que tengan la fuerza y el amor de ser puentes de salvación. ¡Les doy las gracias!» La última parte del mensaje, es una llamada a redescubrir en este tiempo de Adviento, la fuerza de la Eucaristía. La Iglesia es indestructible porque vive de la Eucaristía, se alimenta de Ella, es Su corazón. Luego, es tiempo para asistir frecuentemente a Misa, en preparación a la Navidad. Más que pensar en manjares exquisitos en este Adviento, la Madre quiere que se descubra el «sabor» que tiene la Eucaristía. En cada celebración eucarística, Jesús baja del Cielo a la Tierra para unirse a nosotros, para ser uno con Su pueblo, la Iglesia. Quizá la Madre al darnos este mensaje, piensa también en las muchas profanaciones eucarísticas que se dan, pero también pensará en las Reparaciones que se puedan hacer. Entonces, es tiempo de amar a Jesús Hostia Viva, y a adorarle frecuentemente en preparación a la Navidad.

Al final la Madre nos pide una vez más, oración por los sacerdotes. Ha dicho: «para que tengan la fuerza y el amor de ser puentes de salvación». Entonces, así como oramos en estos días por la paz, de igual modo, hay que hacerlo por los sacerdotes, que estamos urgidos de oraciones, ahora más que nunca cuando nuestro testimonio debe ser más radical, sobre todo en el amor y en la paz.

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